sábado, 25 de septiembre de 2021

La crisis del COVID19, ¿Faltó Inteligencia Prospectiva?

Mi estimado amigo, Iñaki López, presentador de La Sexta noche, decía en su Twitter que alguien deberá dar explicaciones tras la crisis del COVID19, y así es, desde el Estado a las Comunidades.


La crisis del COVID19, ¿Faltó Inteligencia Prospectiva?
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La seguridad es un concepto que debemos entender de manera holística, la seguridad humana es multidimensional, poliédrica… seguridad ciudadana, seguridad sanitaria, seguridad ambiental, seguridad jurídica, etc. En cambio, la seguridad, es eso que el raquitismo intelectual, incluso de muchos ‘intelectuales’ (valga la redundancia) es eso de lo que nunca nos acordamos hasta que nos falta.

La seguridad, así tomada, es como un trazador químico que atraviesa todos los órdenes de la vida humana y para abordarla se necesita, información, análisis, conocimiento, inteligencia y adopción de medidas en función de ese ciclo (es el tradicional ciclo de Inteligencia aplicable a diferentes órdenes).

Ese ciclo ayuda a quiénes han de tomar decisiones, al menos debería servir para eso, de tal suerte que los ‘decisores’ cuenten no sólo con información, sino con verdadero conocimiento e inteligencia que pueda servir para responder a determinadas situaciones, pero que -sobre todo- ha de servir, en mi opinión, para la prevención de aquellas situaciones indeseables, aminorar eventuales efectos de las mismas y en el mejor de los casos eliminarlas como amenaza.

Si quienes participan en ese ciclo no actúan con arreglo a verdaderas técnicas de análisis, incluso las más tradicionales en éste ámbito (análisis Bayesiano por ejemplo), se dejan llevar por sesgos cognitivos, por planteamientos de hipótesis que no respondan a la realidad sino a los intereses particulares, entonces no estará construyendo una inteligencia útil para los decisores. Los analistas, en ocasiones, trabajan más en la profecías autocumplidas y en algunas ocasiones, sólo algunas, como veremos pronto, por intereses bastardos.

Hay una inteligencia prospectiva que sin abandonar -en modo alguno- las técnicas analíticas aplicadas al ámbito que acabo de describir, debe convertirse en una verdadera herramienta estratégica y proyectar sus resultados, no tanto para intuir de forma razonable hacia donde camina el futuro, sino para establecer aquellos elementos que, atendiendo al análisis, podemos poner en juego para lograr que ese futuro resulte beneficioso a nuestros honestos intereses. Esto requiere de miradas de largo plazo, altura de miras, participación de quien estando en un proyecto común, pueda tener una mirada diferente, pero a todos se les ha de exigir la responsabilidad propia de lo que hemos venido en describir como hombres y mujeres de Estado (cada vez más ausentes de la política española, por cierto).

En mi opinión la inteligencia prospectiva como herramienta, no sólo debe orientarse a la observación a largo plazo, sino a ofrecer conocimiento adecuado y eficaz para abordar el futuro.

“Alguien nos tendrá que explicar” decía mi querido amigo Iñaki, sí. En la Gestión de Emergencias, la misma no termina hasta que se hace una evaluación de todos los aspectos que han sido enfrentados para garantizar en el futuro acciones que resulten más útiles con el objetivo de tener el arsenal de respuestas, las mejores respuestas posibles, ante la materialización de una amenaza, pero sobre todo, si es posible a adelantaremos -ese debe ser el objetivo- a la situación comprometedora de nuestra seguridad, sea en el ámbito que sea.

Nuestro cortoplacismo político, el de todos los partidos sin excepción, ha convertido la acción de los partidos en una ponzoña simplista que viene a evidenciar que mucha de nuestra clase política está más pendiente de poder ostentar el poder que de ejercer el mismo de la forma más correcta y honesta.

Hasta donde llegan mis conocimientos no conozco la existencia en ninguna Comunidad Autónoma de responsables, por ejemplo de las competencias de Sanidad, de verdaderos expertos en esta inteligencia prospectiva en seguridad pública (tomando el concepto como decía, de forma holística). Se va respondiendo presupuestariamente a las necesidades que se han valorado en relación con la ejecución presupuestaria anterior, a eso debemos añadir los intereses espureos que cada partido político pueda tener, por intereses económicos, ideológicos, etc y de esto no se libra ninguna de las fuerzas políticas que hay en España, gobernando o apoyando los gobiernos.

No se ha generado ni una mínima cultura básica de Seguridad y Defensa que merezca llamarse así, no existe un reservismo verdaderamente notable en el ámbito de la Defensa (ojo valoro el que hay, pero es cuantitativamente una nimiedad para lo que podría y debería ser, con todas las capacidades además que podrían ofrecer) todo queda expresado en papel, en marcos teóricos, sin que se materialicen. Además no sirven para nada, porque políticos y, lo que es peor, muchos académicos y muy especialmente en muchas universidades, huyen de estas cuestiones; muy pocas universidades se dedican a ésto y aplaudo el mérito que han ido ganándose con su esfuerzo aquellos que han trabajado duramente para asentar un espacio en sus universidades, ya sean públicas o privadas.

Lo cierto es que nuestros decisores políticos, en el Estado y en las Comunidades Autónomas van a tener que darnos muchas explicaciones cuando superemos esta grave crisis, como ciudadanos tenemos derecho a saber; pero si en el análisis que TODOS deberían realizar de forma sensata y razonable, como siempre, los políticos se dedican a tirarse los trastos a la cabeza, se perderán energías políticas en ello y no en hacernos más resilientes, más fuertes, para abordar otras crisis.

Información, Análisis, Conocimiento, Inteligencia y Decisión es un ciclo que debe hacerse con honestidad… todo lo demás será la manifestación de una indigencia intelectual grave, de una basura moral inaceptable, de la elevación a categoría de simples sesgos ideológicos y a veces de intereses inconfesables, pero muy fáciles de descubrir.

En todo esto debemos poner en valor, como se está poniendo de hecho, el trabajo que desde sus respectivos ámbitos realizan grandes empresas españolas en el mundo; despreciar los activos que nuestro sector productivo tiene, sería un error imperdonable. Las estructuras de análisis, fuera de lo que debe quedar en la más reservada responsabilidad del Estado, han de mostrarse porosas a las interacciones, la creatividad; el ingenio que no se limita precisamente al Estado ni a las administraciones.

Este país, desde la ciudadanía hasta sus empresas están por encima, muy por encima, de los líderes de todas las tendencias que dicen representar la soberanía nacional, la representan formalmente, pero están muy por debajo de la valía de nuestra sociedad.

Las pandemias son consideradas en las estrategias de seguridad nacional como amenazas, pero la realidad nos ha mostrado que no había una inteligencia prospectiva adecuada, si es que había alguna establecida. Espero que en otros ámbitos sí que exista. Mientras China piensa -como siempre recuerda Pedro Baños- a cincuenta años vista y va haciendo aquello que estima necesario para lograr sus objetivos estratégicos, verdaderamente estratégicos; aquí el futuro no parece que vaya más allá de cuatro años. Lo que no de réditos electorales, no es algo por lo que se pelee.

La suerte está echada.

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