domingo, 13 de junio de 2021

Los beneficios para la salud del termalismo

Las aguas termales son una fuente de vida. Y si a ello añadimos sus beneficios las ventajas terapéuticas son un hecho. Los balnearios como centros de ocio, recreo, pero sobre todo, salud.


Los beneficios para la salud del termalismo
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Civilizaciones antiguas como la griega y la romana fueron pioneras de los actuales balnearios, aunque hay vestigios de viejas termas que se remontan al año 1.550 a.C. en la India. Si en sus orígenes estos baños públicos eran lugares de reunión y encuentro social con el paso del tiempo se descubrieron las bonanzas de las aguas termales y sus efectos terapéuticos,  por encima de todo.

Ya lo dijo el filósofo griego Tales de Mileto (624 a.C.-546 a.C.), el agua es el principio de la vida, el origen del comienzo del universo.

Por definición las aguas termales son aquellas que yerguen del subsuelo y con una mayor temperatura que la superficial son ricas en componentes minerales y, por tanto, están habilitadas para utilizarse terapéuticamente.

Los beneficios de las aguas termales

La elevada temperatura de las aguas favorece la oxigenación del cuerpo, la circulación sanguínea, la regeneración y el tratamiento de afecciones de la piel, el fortalecimiento de la dermis, la estimulación del aparato locomotor, la recuperación de secuelas de lesiones traumatológicas y la terapia más adecuada para trastornos crónicos del sistema respiratorio.

La relación de enfermedades o achaques a las que se aportan numerosos beneficios es extensa, abarcando  dolencias tales como el reumatismo, la artritis, el asma, la bronquitis o la sinusitis; así como a la dermatosis, la psoriasis o las alteraciones del sueño o estrés, entre otras.

Si bien en general el termalismo es recomendable para casi todo el mundo se deben observar precauciones para ciertos colectivos como las embarazadas, las personas de avanzada edad o los enfermos de corazón que deben extremar su uso para evitar lipotimias, desvanecimientos o bajadas súbitas de tensión.  Pero de igual manera para las personas sin patologías también es aconsejable que la duración de un baño termal no supere los  40/45 minutos.

Tipos y propiedades de las aguas

No todas las aguas son iguales. Cada una de ellas está indicada para el tratamiento específico de ciertas dolencias.

Las aguas ferruginosas, con un alto contenido en hierro, están especialmente indicadas para enfermedades del sistema hepático y estados de anemia.  Las sulfuradas, cuyo mineral dominante es el azufre, son muy utilizadas para los tratamientos mineromedicinales de la piel o del aparato respiratorio; mientras que las sulfatadas, muy ricas en socio, calcio y magnesio, tienen propiedades diuréticas o laxantes.

Las aguas cloruradas ayudan con las secreciones digestivas, las sódicas son estimulantes para regenerar lesiones cutáneas y las bicarbonatadas se usan para la mejora de la acidez gástrica y los problemas digestivos.

Las aguas carbónicas favorecen el funcionamiento del aparato cardiocirculatorio, las aguas ricas en cobre tienen un potente efecto antiinflamatorio y, por último, las cálcicas refuerzan nuestras defensas.

Tal es el auge del termalismo, que ya desde hace un par de décadas se ha desarrollado un  boyante turismo de spa o balnearios con numerosos establecimientos hoteleros o casas rurales que incorporan en su oferta estancias con tratamientos incluidos. Es decir, se revisten de un entorno atractivo como complemento a las vacaciones mediante terapias termales muy asequibles en precio.

Tanto es así que actualmente España, debido al gran número de manantiales diseminados por toda la geografía, es el país europeo con un mayor número de ofertas termales con un objetivo claro y diáfano: identificar a las termas o balnearios como lugares de ocio, recreo y, ante todo, de salud. 

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