domingo, 11 de abril de 2021

OPINIÓN | La maestría de Piqué

El central blaugrana volvió a encender los ánimos de la afición del Espanyol tras el derbi


OPINIÓN | La maestría de Piqué
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Por todos es sabido que Gerard Piqué no es, ni mucho menos, el tipo de jugador que se calla cuando tiene un micrófono delante. El jugador del Fútbol Club Barcelona arremetió, esta vez, contra la directiva y los valores del Real Club Deportivo Espanyol. Tampoco dejó indiferente a la afición perica, a la que calentó tras marcar el 1-1 el pasado fin de semana en Cornellà.







"Cada vez están más desarraigados de Barcelona, tienen un propietario chino y creo que todos sus consejeros son chinos también", fue la frase de Gerard Piqué que terminó de encender al entorno del Espanyol. La semana ya venía caliente con unas palabras del propio Piqué en las que apellidaba al club como "de Cornellà" en lugar de de Barcelona y la eliminación copera en los cuartos de final hace tan solo un par de semanas. El derbi catalán prometía bronca, y así fue.







El zaguero del Barça logró marcar el gol del empate en el RCDE Stadium. No podría haber sido otro protagonista, pensarían los aficionados pericos, que tuvieron que ver como el autor del tanto mandaba callar a toda la afición allí presente (con cuernos o sin cuernos, es irrelevante).

Piqué respondía de esta manera a tantos y tantos insultos que había recibido en sus últimas visitas al campo del rival de su ciudad (insultos que es mejor no reproducir). Ahí está la maestría de Gerard Piqué, que silenciaba a todas aquellas almas que habían arremetido -sin motivo alguno- contra su mujer y sus hijos. Lo hacía de la mejor manera posible: dentro del terreno de juego (donde es un fenómeno) y sin caer en el juego de los insultos. Simplemente un gesto con el dedo bastó para hacer enloquecer a sus haters.

"Yo con el sarcasmo intenté devolvérsela y parece que ha funcionado", sentenció Piqué tras el famoso encuentro. "Falta de respeto es que me denuncien por decir que son de Cornellà cuando es una obviedad y que luego no denuncien a su afición por todo lo que me dicen. El gesto era lo menos que podía hacer", declaró el central. Han corrido ríos de tinta sobre estas declaraciones, pero son lo más sensato que podría haber dicho ante tal situación. Piqué, que muchas veces se equivoca al hablar sobre el rival -eso es innegable-, estuvo fantástico esta vez. Respondió con la misma moneda, pero de manera mucho más educada, a los energúmenos que van al campo solo a dedicarle improperios a los jugadores rivales (aunque eso no pasa solo en Cornellà, desgraciadamente). Él solo se ha enfrentado -y ha ganado- en una batalla en la que, inexplicablemente, ninguna de las dos directivas ha tomado cartas en el asunto. Pero ese es otro enigma.

Tan solo una pega: no porque un equipo esté liderado por un extranjero está desarraigado de su ciudad. El domingo, sobre el campo de Cornellà, había más catalanes vestidos de blanco y azul que vestidos de azul y grana. Ese es un terreno en el que Piqué no debería haberse metido. Por lo demás, chapeau.







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