miércoles, 12 de mayo de 2021

Fernando Vázquez no superó el ultimátum que le salvó tras la derrota ante el Celta B

El entrenador perdió la confianza del consejo de administración al no puntuar en Zamora y no conseguir, tras la derrota ante el Celta B en Riazor, el objetivo de sumar 4 puntos en 2 partidos


Fernando Vázquez no superó el ultimátum que le salvó tras la derrota ante el Celta B
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La derrota del Dépor en Riazor con el Celta B por dos goles a uno fue un camino sin retorno para el técnico Fernnado Vázquez. Aquella derrota esa tarde del 13 de diciembre fue la más humillante de la historia del club, no sólo por el significado del resultado, cosechado en campo propio, sino también por el juego gris e impotente de los jugadores del técnico de Castrofeito. De nada sirvieron las estadísticas de equipo menos goleado de la categoría. Además, esa noche, el Dépor perdía el liderato de la categoría.

Fernando Vázquez estaba sentenciado como máximo responsable de dirigir un equipo incapaz de dominar al equipo B de su máximo rival deportivo en Galicia. El entrenador gallego no tenía la máxima confianza de la dirección deportiva desde que el Dépor cosechó la derrota ante el Extremadura, origen del descenso del equipo a Segunda B. Hasta ese momento, el técnico de Castrofeito se había hecho acreedor de ser un técnico milagro. Tener al equipo salvado del descenso a aquella altura de competición, tras rescatar a los futbolistas de Anquela y Luis César del mismo infierno, le otorgaron el título de salvador por méritos propios. Aquel milagro le estalló en las manos en Riazor ante Manu Mosquera y dos ex canteranos como Manu Mosquera y Óscar Pinchi.      

Tras el descenso del Dépor a segunda B, tras el truculento y esperpéntico episodio del Fuenlagate, Fernando Vázquez recibió el apoyo para continuar como técnico y ser el capitán de una nave que busca recuperar la honra perdida en los terrenos de juego y el empujón de última hora de Javier Tebas con la manipulación de la competición por causa del brote pandémico. Vázquez consiguió la gracia del consejo de poder vengar el atropello.

El consejo de administración creía que Fernando Vázquez merecía tal oportunidad y con unas maltrechas cuentas edificó un proyecto con miras a recuperar la categoría. La dirección deportiva y el consejo creen que a Fernando Vázquez se le diseñó un proyecto de quilates, con capacidad para manejar una temporada repleta de incertidumbres. Algunos fichajes llegaron sobre la campana, otros aparecieron en Coruña fuera de forma y la guinda la representó Rolan que se convirtió en el fichaje estrella sin tener los papeles para poder jugar, lo cual retrasó su aparición en la competición un mes.

Sin brillo pero manejando la estadística, Vázquez se plantó en diciembre con el equipo líder, con escasos goles, pero con un proyecto inexpugnable en defensa. Y siempre con una característica. Pobre juego. Escaso ataque. Fútbol sin alma. Los números se reflejaban en el espejismo de un oasis sin agua y vegetación.

El Celta B reflejó la imagen de un Dépor desorientado, derrumbado del podio con un simple soplido. La decepción se instaló en la Plaza de Pontevedra y con ella una decisión. Si Vázquez no conseguía 4 puntos en las dos siguientes citas sería desterrado del paraíso herculino. Esa decisión fue traslada a Fernando Vázquez con la esperanza de que el parón navideño trajese un cambio de aires, una imagen acorde al diseño, y sobre todo nuevos resultados positivos que devolviesen la escasa confianza que había sobre el entrenador antes de empezar la competición. El consejo consideró que la destitución de Vázquez después de la derrota ante el Celta B sería valorado como un calentón, un arranque de forofos y consensuó una fórmula para evitar la impresión de dirigir un club a golpe de gatillo fácil. El ultimátum fue transmitido como un aviso y como un toque de gracia, a pesar que la confianza ya estaba por los suelos y que parte de los directivos ya estaban de acuerdo con la destitución.

El tiempo de descanso no refrescó el ambiente. La derrota en Copa con el Alavés se consideraba como un daño controlado y que una eliminación no debería precipitar conclusiones. Tampoco podía servir para desviar la atención del verdadero objetivo: la competición regular. La cita realmente importante que echaba el contador a andar estaba en Zamora. Al menos se esperaba cosechar un punto, y sobre todo, la muestra de un cambio de dinámica. Pero el cambio no llegó. El equipo castellano vapuleó al Dépor, que además fue incapaz de tirar a puerta. Se mostró escaso de fútbol. Las matemáticas ya eran imposibles de cumplir. Con cero puntos en Zamora, imposible sumar cuatro en Riazor. El ultimátum era ya una sentencia anunciada. La destitución se precipitó por la noche, pero no se comunicó hasta que el entrenador estuviese en A Coruña.

La mañana de este lunes, todo el consejo de administración del Dépor, salvo Vázquez Guillén, citó al técnico para comunicarle la noticia. La tercera derrota, en los últimos cuatro partidos del Dépor, habían acelerado la decisión. Pero sobre todo, el incumplimiento del trato impuesto al de Castrofeito. La comunicación del despido fulminante fue cordial y cara a cara. Esta es la segunda vez que el entrenador blanquiazul pierde la confianza de Fernando Vidal con Richard Barral al frente de la dirección deportiva del club.     

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