martes, 7 de diciembre de 2021

España perpetúa su gafe ante las selecciones anfitrionas de la Copa del Mundo

Jugó contra cuatro y perdió contra las cuatro: Italia en 1934, Brasil en 1950, Corea del Sur en 2002 y Rusia en 2018


España perpetúa su gafe ante las selecciones anfitrionas de la Copa del Mundo
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Hay quien no da importancia a las casualidades y a las leyendas, pero el fútbol es un deporte tozudo que tiene una historia apasionante que analizar. La mística cuenta, sí, aunque el fútbol moderno prefiera encerrarse en sus estadísticas de posesión, pases acertados, tiros a puerta y otro sin fin de datos. España, con todos sus problemas, llegó a su partido de octavos de final en Rusia 2018 sabiéndose superior a su rival, pero también con el conocimiento de que nunca había conseguido ganar a un equipo anfitrión de una Copa del Mundo. Y lejos de convertirse en una estadística a reventar, se convirtió en una losa que se perpetúa al menos durante cuatro años más. España dijo adiós a este Mundial ante la selección organizadora y, una vez más, con una turbia actuación arbitral de por medio, algo que ya había vivido antes. Durante años se habló de la maldición de cuartos, pero la que sigue vigente es esta, la del anfitrión. En total, ya son cuatro encuentros ante el equipo anfitrión de una Copa del Mundo, y son cuatro las derrotas que ha cosechado el combinado español. Dos de ellas en los penaltis, una más en un partido de desempate.

El primer anfitrión con el que se vio las caras España en una Copa del Mundo fue Italia en 1934. Cuentan las crónicas de la época que en ese partido de cuartos de final España tuvo que hacer frente a un tornado de faltas, patadas y agarrones que el árbitro no quiso frenar y que Ricardo Zamora salió de aquel partido con dos costillas rotas tras un golpe que ni siquiera se señaló como falta. Aún así, Regueiro adelantó a España a la media hora. Italia solo pudo empatar gracias a un clamoroso agarrón de Schiavio a Zamora que permitió a Ferrari rematar solo. Hubo que jugar un partido de desempate, en el que el panorama no cambió. Hasta tres españoles salieron lesionados y dos goles fueron anulados. Los dos, claro está, de España. Italia ganó ese desempate por 1-0, tanto marcado por Giuseppe Meazza, de nuevo con una falta al portero, ahora Demaría. El árbitro de este segundo partido, Rene Mercet, fue expulsado por la FIFA y por la Federación suiza.

Saltamos a 1950, cuando Brasil se cruzó en el camino de España en el segundo partido de la fase final. Este fue el Mundial del maracanazo, en el que Uruguay sorprendió a los anfitriones en el último partido ganando por 1-2. España se había colado entre los cuatro mejores después de uno de los goles más importantes de su historia, el que Telmo Zarra le hizo a Inglaterra en el encuentro decisivo de la fase de grupos. Pero Brasil fue una piedra demasiado dura para los españoles. Y eso que Uruguay, a la postre campeona, no había podido superar a los nuestros en el primer partido de la fase final, que acabó 2-2. Los brasileños, no obstante, macharon a España en el siguiente encuentro y le dejaron sin opciones de luchar por el título. El calvario comenzó con un gol en propia puerta de José Parra y Jair y Chico llevaron el 3-0 al marcador en el descanso. El propio Chico, Ademir y Zizinho completaron el set. Silvestre Igoa hizo el tanto del honor español en el minuto 71. Ahí acabó el sueño de ser campeones.

El hasta ahora último choque con una selección anfitriona fue en 2002, cuando el cuadro enfrentó a España con Corea del Sur. La ventaja de ser el organizador se notó en el arbitraje contra Italia en octavos. En todo caso, España se frotaba las manos con una selección del nivel de la coreana como último obstáculo para superar la barrera de los cuartos de final. Pero aquel partido se recordará por un nombre: el del árbitro egipcio Gamal Al-Ghandour. Las cimas de su lamentable arbitraje fueron dos goles anulados a España, uno por una inexistente falta de Baraja y otro por estimar que el centro de Joaquín para que lo cabeceara Morientes se había producido con el balón fuera del campo (este habría sido gol de oro y habría supuesto la clasificación inmediata de España), y varios fueras de juego que solo vieron los colegiados en claras jugadas de ataque españolas. Nadie rompió la igualada y se llegó a la tanta de penaltis. Joaquín falló el cuarto lanzamiento de España y Corea ganó la tanda por 5-3.

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