viernes, 3 de diciembre de 2021

La M de Mundial es la M de Messi

Lionel Messi encara la cita mundialista con toda la carga mediática enfocada en él.


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En el tergiversado panorama periodístico que abarca el mundo del fútbol, los dos ejes dominantes son el morbo y el elogio. No hay terreno de por medio que ofrezca la neutralidad para que pueda ser aprovechada por los ventajistas de turno. Quien se jacte de que no siente nada por un jugador que esté en entredicho en la mesa de debate miente.

La gran mayoría de habitantes de España quiere que gane su selección. Exceptuando a la población extranjera asentada en la parte española de la península ibérica y al nacionalismo que repudia a todo sector repudiable, a todos nos encantaría regocijarnos otra vez como ya tocó hace ocho años. Viajar a otros países y presumir de máximos galardones deportivos es un argumento para el discurso que nunca decepciona, y más para el español que se ahoga económicamente en comparación con la prosperidad europea nórdica. Pero, ¿y si España hace un socavón y se auto entierra en él a primeras de cambio? Las preferencias para la jauría se dividirían aún más y la oxidada e inevitable guerra Barcelona-Madrid tomaría un papel de protagonista en la obra mundialista. Sí, otra vez Messi y Cristiano a la palestra.

Cristiano Ronaldo, Dionisio del fútbol mundial, ha conseguido todo. Ha levantado títulos para su país y para el club de su vida. Las circunstancias han hecho que su innegable voracidad se alinee con la suerte imprescindible que otorga títulos a su antojo. Su inmensurable palmarés azota cada temporada a Messi y sobre todo cuando cae con la selección argentina. La opinión general se pone progresivamente más de acuerdo en que Lionel necesita un título internacional para que su leyenda se realce sobre la de Ronaldo. Es indiferente que cada temporada reparta jugadas antológicas como panes. El mérito colectivo tiene la última palabra en la infinitud de este discurso.

El calendario le está brindando una oportunidad a Messi de que Argentina le devuelva al discípulo de Maradona todo lo que merece. Ha vuelto el Mundial. El último partido en este torneo se fraguó con Higuaín fallando ante Neuer con un Messi ensombrecido por la estrategia férrea de Low. Fueron semanas duras donde el morbo ponderó en portadas. Importaba más la derrota de Messi que la vuelta de Alemania al trono. El madridismo abrazado a una Champions tras muchos años de sequía europea, sin saber la gloria que se le venía encima, reía. En Brasil todo era júbilo porque la vitrina argentina se pararía cuatro años más en México 86. Fue precisamente en esa final donde el imperioso Azteca con su mirada mineral presenció a Jorge Burruchaga meter un gol a un meta alemán. No marcó Maradona, pero él sí tuvo sustitutos para ello. Messi en aquella noche brasileña no.

Rusia parece indicar que es la última bala de este jugador que está todavía definiendo su legado. Dicen muchos que la imagen de Messi levantando un Mundial es su propio billete al elogio vitalicio. Muchos estamos seguros que su divinización en el próximo mes está asegurada por su parte. A Messi no le está tratando bien el fútbol cuando el Madrid ha ganado más Champions que el Barcelona teniéndolo a él en sus filas. Resta que los factores ajenos a sus botas le devuelvan lo que le han quitado con la albiceleste para que los detractores callen y su nombre gane de una vez por todas.

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