viernes, 3 de diciembre de 2021

Felizidane al cubo

Zidane conquista su tercera Champions consecutiva y agranda su legado en el Real Madrid.


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Ganó el que la abrumadora presión futbolística y deportiva impuso desde que el Liverpool-Roma salió en el sorteo de semifinales. Ganó el Madrid, por escudo y nombre, que no rozó la excelencia en juego pero se mantuvo firme en su empecinamiento europeo de tocar la gloria cada año.

Entre todos los beneficiados de una noche en la que las apuestas, los orgullos y los corazones se agitan por dos horas volvió a relucir el nombre de Zinedine Zidane. Un técnico que ha sacado brillo a un jugador que estaba mentalmente fuera del equipo solo merece el elogio más intenso que pueda recabarse en el olimpo del fútbol. El francés no llegó en verano para romper rumores y portadas, sino en una improvisada presentación invernal y como una tirita que ayudara a cicatrizar la herida Benítez. Con la salida de Rafael comenzó un ciclo que, con el gusanillo de lo inesperado como motor, ha marcado una época. Una década. El Barcelona de Guardiola, cuya estética siempre estará por encima de cualquier equipo, ha dado un paso atrás y Zidane le supera en Champions.

Las más célebres frases siempre guían al individuo a que disfrute del camino. Pero quien iba a gozar de una temporada en el que el Madrid ha lastrado a su equipo con derrotas, agonías y cansados debates sobre todo lo debatible. Solo la apertura y la clausura han estado pintadas con el oro de la gloria. Con la goleada veraniega al Barcelona se aseguró la decimotercera; Zidane jugó al despiste con los títulos nacionales y clausuró otra vez con el mejor premio posible.

Los que todavía se agarran a la belleza del fútbol romántico, tras lo sucedido en Kiev han perdido muchos adeptos. Se está creando una tendencia en la que este deporte prima el resultado, se ignoran las formas y solo cabe la victoria. Cierto es que de los segundos nadie se acuerda, pero últimamente la crueldad se está apoderando del suceso. El Liverpool estuvo a la altura de su historia europea. Fue Karius, superado por la situación, el que deshonró las expectativas de una final de Champions. Lástima que fuera el único de su equipo que estuviera bajo palos.

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