martes, 30 de noviembre de 2021

La solvencia gana, el perdón condena

El Real Madrid asaltó el Allianz Arena con dos goles de Marcelo y Asensio ante un Bayern que no se mostró competente de cara a puerta.


La solvencia gana, el perdón condena
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Si todo está determinado, el Bayern debe rezar para que el destino no le depare otra insuficiencia goleadora en Chamartín. Debe de aprender de un Madrid que lo aniquiló con dos goles ligeros que bien valen una sonrisa en boca para el madridismo para el resto de la semana. Los alemanes perdonaron una y otra vez en contraste con un Madrid que supo sobreponerse a la pájara, remontar y dar clases de eficacia.

Zidane no quiso ofrecer debates con su once. Bale, mentalmente fuera del equipo y Benzema, con una crisis extendida a lo largo de la temporada, quedaron relegados en el banquillo en detrimento de Isco y Lucas. La velocidad fue la apuesta firme del Madrid en un campo donde en el camino a la Décima ya relució este juego de contragolpe inculcado por Ancelotti. Tal fue el espectáculo que Guardiola acabó tildando a los madridistas de puros atletas. En frente Heynckes, con un equipo dividido entre vocación ofensiva con los Robben, Ribéry, Muller, James, y Lewandowski y defensa férrea con Martínez y compañía. Sin Neuer, postrado a la lesión de la que comienza a recuperarse a estas alturas de la temporada, Ülreich dejó al once con una vena de juventud: Arjen Robben abandonó a los ocho minutos de juego al reincidir en las molestias que le han acompañado toda su carrera.

Servidos los onces, las ganas que ambos equipos guardaban se despilfarraron con el silbido del colegiado. La primera jugada, que normalmente pasa desapercibida en duelos donde el respeto impera, acabó con los centímetros impidiendo un tanto de Müller en boca de gol. También dejó a Lewandowski emulando a Lucas Vázquez en la polémica acción con Benatia, con Carvajal arrollándolo dentro del área. Los bávaros levantaban así la capa que cubría su estrategia: el atrevimiento y la iniciativa estaban de su lado. El Madrid se gustaba galopando por la banda de Isco, llamado a dilucidar el asunto a base de espectáculo. Al menos así se configuró la aclimatación visitante, con la conexión Marcelo-Isco-Cristiano como primera opción. Y precisamente fue por el carril izquierdo por el que se dio el primer golpe sobre la mesa.

Una salida fugaz del Bayern, iniciada por su propio meta, acabó con un error de Navas y un gol de Kimmich. Entre principio y fin de la jugada apareció James, y con el morbo cargado a la espalda dio un pase profundo para que el lateral perforase el huérfano primer palo de tico. Se lo tomó en serio el plantel del Bayern y Ribery perdonó fusilar a Keylor en la siguiente jugada al gol. El progreso del Madrid en el primer cuarto de partido se disolvió beneficiado por las imprevistas lesiones de Boateng y del citado Robben. Desapareció con el gol, justo cuando comenzaba a comerse al Bayern metro a metro, jugada a jugada.

Perdonó el Bayern con incontables ocasiones desperdiciadas que podían haber sentenciado a la escuadra rival. Pero Marcelo abandonó esa piedad y sacó fuera la fe. El lateral brasileño comienza a hacerse histórico con cada edición de Champions. En la presente ya había probado la carne de París Saint Germain y Juventus. Las semifinales no iban a ser menos. Imitando al Bayern en el primer gol, surgió de la nada un latigazo de Marcelo desde la media luna del área que imposibilitó a Ulreich por la suma de potencia y colocación. Una volea cruzada, medida y esculpida con la belleza que da de sí una semifinal de la máxima competición. El empate estaba reestablecido a escasos compases del descanso, suficiente para que los niveles de autoestima se equilibraran en el vestuario madridista.

La charla de Zidane en el descanso reactivó a la plantilla. Quitó a Isco por molestias en el hombro y Lucas se quedó con Asensio de pareja. El Bayern quiso convertir a Navas en héroe y se mantuvo bailando en la cuerda floja del fallo. Además, el fracaso ofensivo se traspasó a las piernas de Rafinha. El lateral del Bayern regaló un balón, Lucas armó la contra y Asensio, con una sutileza digna de un nueve experimentado, peinó el balón al encarar al meta. Uno a dos. Dos tiros del Real Madrid que se cobraron en dos goles. Resultadismo radical, suficiente para complacer a aquel que solo desea ver a Sergio Ramos levantar otra orejona para ser feliz.

Paso a paso se acercaba el Madrid a Kiev. Demostraba solidez defensiva y restaba que el ataque funcionara para que una goleada se asentara en el electrónico. Hasta Benzema, que vive en el pesimismo permanente, tuvo su clara ocasión para anotar. Cristiano, exigente consigo mismo por no haber cazado y haberle faltado el respeto a su tradicional cita con el gol: un control con el brazo anuló la buscada recompensa.

Pitó el colegiado y el Madrid suspiró. Salió con vida del coliseo alemán: los imprevistos de las lesiones y el acierto de cara a puerta determinaron un resultado excelente para recibir a los alemanes en el Bernabéu. Al Bayern le queda borrar de la mente la superioridad que supone dos goles visitantes en contra y, sobre todo, aprender a tirar entre los tres palos y que la pelota entre. Heynckes y los suyos tienen seis días para dedicarse en plenitud a dos ejercicios: debatir sobre si Zidane mantiene la longeva flor o mejorar el ejercicio básico que es de marcar gol. Que decidan ellos.

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