OPINIÓN | MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Yo no quiero un nicho…

Por ROGELIO MONTES. 17/02/2017

Editorial
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No pasa ni un día en el que no tengamos una mala noticia relacionada con el mundo del periodismo: Despidos de redactores, cierres de medios, descensos brutales de ingresos, huelgas de firmas que se saldan con más despidos, ofertas de trabajo a coste cero… En definitiva, un panorama bastante oscuro.

Y, en la raíz de todo ello, está la transición del papel a lo digital que se han visto obligados a hacer los medios de comunicación en los últimos años. Y si, digo obligados porque la mayoría no querían hacerla. Se han visto forzados, no les gustaba, muchos no la entendían, se han resistido, se han inventado mil argumentos, han tratado de vender cuberterías, relojes… lo inimaginable para sostener las ventas en papel. Aún hoy podemos ver periódicos con páginas en blanco y negro que les cuentan a los aficionados del Madrid cuál fue el resultado de su equipo en el día de ayer. Sin embargo, la mayoría de esos aficionados ya han visto el partido, leído la crónica en algún digital, conocido las reacciones, han puntuado a los jugadores, visto las estadísticas de cada uno, comentado las jugadas en las redes sociales… Le podemos dar todas las vueltas que se quiera, pero el papel no es lo que era y nunca lo volverá a ser. Seguir haciendo lo mismo nos lleva inevitablemente a un precipicio. Pero no sólo lo mismo, sino de la misma forma.

Y me refiero al modelo. Los periódicos han copiado el modelo que tenían en papel al medio digital. Y no funciona. Por mucho que se empeñen, no funciona. Y no lo hace porque, simplemente, no se adapta a la naturaleza de Internet. Ya pasó en otros sectores como la música. La gente ya no quiere comprar un disco entero para escuchar una canción en concreto. A esta alturas, ni siquiera quieren comprar esa canción. Pero, sin embargo, quieren escucharla. Y, de hecho, ahora se escucha mucha más música que antes. Entonces, ¿dónde está el negocio? Pues pregunten, por ejemplo, a Spotify.

El problema es que, al igual que pasa con los medios de comunicación, la industria musical se desangró en la transición porque se vieron forzados a hacerla. Y no querían, no les gustaba. Primero ofrecieron más cosas para que te compraras el disco: un álbum con las letras de las canciones, ediciones de lujo, más discos con contenido extra con entrevistas a los músicos… Se inventaron mil argumentos, criticaron la calidad del .mp3, te daban entradas, sorteos… Todo para que seguir vendiéndote el CD. ¿Les suena?

De esta forma nos encontramos en el mundo editorial. Con los periódicos tratando de hacer exactamente el mismo producto pero con una diferencia: en vez de mandarlo a rotativa, se envía a Internet. Y con hacer lo mismo me refiero a ofrecer un producto recortado, moldeado, orientado, “un paquete”. Casi como si lo pudieses agarrar, casi como si fuese… de papel.

Un paquete donde hay una línea editorial muy definida, donde en muchas ocasiones los periodistas no dicen lo que piensan, donde hay presiones financieras y políticas que les condicionan, donde hay directores, jefes de sección y consejeros delegados que se encargan de elaborar un producto bien redondo que sirva para determinados objetivos entre los que informar no suele estar en las primeras posiciones. Es algo que tenemos tan interiorizado que ver a un director quitando noticias, cambiando los titulares o el enfoque de determinadas informaciones (generalmente políticas) lo vemos hasta normal. Es más, vemos lógico el proceso de elaboración de un periódico digital a imagen y semejanza de lo que se hacía en papel: Reunión por la mañana para definir temas, enfoques, selecciones de lo que entra y lo que no, prioridades de unas noticias sobre otras, relevancia y posición dentro de las secciones… Previsiones para ordenar qué noticias se cubrirán al día siguiente, etc. De nuevo control, molde, paquete.

Si alguna vez habéis trabajado en un periódico lo sabréis. ¿Cuántas veces te han cambiado una noticia? ¿Cuántas veces no has firmado un artículo porque no era tu enfoque, tu información? Yo lo he visto, lo he sufrido. No es algo que me esté inventando ni es algo que ocurra de forma esporádica. Ocurre todos los días. Es más, lo tenemos tan dentro que hasta se alardea de ello. Me llamaron mucho la atención las palabras de Casimiro García-Abadillo durante la presentación de ‘El Independiente’ y me gustaría comentarlas. Él dijo:

“Lo que queremos ser, que queda claro desde este primer día, es el periódico más influyente de España”. Luego escribió que El Independiente “tratará de marcar la agenda política en España”. Es decir, lo que García-Abadillo quiere es influir en los políticos, lo que realmente quiere es hacer política. No periodismo. Pero, por si no había quedado claro, añade: “Si perseveramos en nuestras convicciones, al final vamos a tener la recompensa. Y esa recompensa es que los lectores influyentes de este país se fijen en nosotros”. Los lectores “influyentes”. Pero no se detiene ahí. Habla de que la tarea de El Independiente es “jerarquizar la información, distinguir lo importante de lo accesorio”. Y esto, a mi parecer, es parte del problema. Porque si lo que quieres es influir y vas a “jerarquizar”, al final jerarquizas para influir, sobre todo, en políticos, banqueros… esos “lectores influyentes”. Y eso es hacer política, no periodismo. Cuestión, por otro lado, totalmente respetable y que ayuda mucho a entender las publicidades desde el primer día de La Caixa, banco Santander, etc en su periódico.

Como digo, es completamente legítimo. El problema es que entonces llegan Facebook, Google, Apple… y, evidentemente, se quedan con la mayor parte del pastel. Ellos no jerarquizan o, al menos, no de esa forma.

El cabreo de los editores aquí es enorme y, claro está, tratan de buscar soluciones que traen dos problemas: el primero es que son soluciones para tratar de seguir haciendo lo mismo (como cuando se presionó para que Google News pagara o se fuese de España). El segundo, que los “gurús” del periodismo dan sus “recetas” para competir con Facebook & company. Y la mayoría de ellas son que los medios deben especializarse, escoger un sector, un nicho, para hacerse fuertes. Pero, qué quieres que te diga, a mi eso de nicho me suena a pequeño. Me suena a que nos están diciendo que nos vayamos a una esquina de la casa y nos encojamos todo lo posible para que el gigante no nos vea y no se lleve nuestro negocio por delante.

Yo no quiero estar acurrucado en una esquina. Por ese motivo, y porque creo que se pueden cambiar las cosas, ha nacido Columna Cero, un periódico digital que no solo promete “hacerlo diferente” sino que lo hace. ¿Y cómo? Pues haciendo periodismo de verdad. Para todos los lectores, no sólo para los influyentes. De ese que nos enseñaron en la facultad. Columna Cero deja que los periodistas se registren en la plataforma y escriban de aquello que les apasiona. No les condiciona, no tiene editorial. Son los propios redactores los que eligen los temas, sus enfoques, la longitud, periodicidad con la que publican… Serán los lectores los que “jerarquicen” en función de sus preferencias, de los temas que les interesan, de las informaciones que realmente tienen valor para ellos. No las que un director haya decidido que es mejor para “influir” en la agenda política del momento. Llevamos poco más de 15 días de trabajo y, por el momento, nos quedamos con las respuestas de la gente. Una colaboradora nos peguntaba sobre lo que tenía que escribir. Cuando le dijimos que podía escribir “de aquello que te apasione”, nos contestó: “Oh, Dios, creo que es la primera vez que me dicen algo así”. Otra persona nos preguntó por nuestra editorial. Al decirle que no teníamos y que era libre de escribir con el enfoque que ella quisiera, nos dijo que “eso no es posible. Bueno, es lo ideal pero eso no se puede, ¿no?”.

Esas son las armas con las que vamos a pelear. Con periodismo y con los periodistas que se quieran subir al barco. Porque la información es fundamental en una sociedad democrática y porque #sinperiodistasnohayperiodismo.

Si quieres conocer más detalles del proyecto Columna Cero, puedes hacerlo aquí:

Las siete claves de Columna Cero

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