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¿Comunión o espectáculo?

Dónde quedan aquellas comuniones en las que la celebración principal era “recibir a Dios por vez primera” eso es, al menos, lo que me dijeron a mí cuando hice mi primera comunión. Claro que de eso hace ya unos cuantos años, bastantes. Pero el sentido sigue siendo el mismo o, ¿no?

Obviamente del origen religioso sólo queda el sacramento porque actualmente más que una celebración infantil se ha pasado a una “mini boda” o, lamentablemente, a un espectáculo en el que todos participamos en mayor o menor medida para que la hija o el hijo no sea menos que el del vecino.

Observando lo que puede incrementarse la celebración de dicho sacramento mejor sería pensárselo dos veces, o muchas, antes de meterse en semejante berenjenal. Encuentro desorbitado que, para que unos niños pasen un día feliz, los padres tengan que desembolsar en tal acontecimiento una pasta que en muchos casos no tienen y que, al margen de tenerla, es un simplemente un evento infantil. Así como llama la atención que en los últimos tiempos no falte una “barra libre para los invitados” que suelen ser copas. Que esa es otra. Si es una cosa de pequeños, ¡para qué alcohol!

Entonces, ¿esto qué es? Creo que se nos ha ido de las manos una celebración que es para niños y, que como tal, debe de ser sencilla, sin faranduleo, ni actuaciones musicales, ni regalos desorbitados. Aunque sí es cierto que los peques de ahora, ya vienen de serie digitalizados, son nativos. No es lo mismo que antaño. Hace algunos años éramos analfabetos y la palabra digital aún no aparecía en nuestro reducido vocabulario. Y cualquier regalito nos parecía increíble. Ahora el sueño para esos recién comulgados es que se les regale una tablet o un móvil. Y siempre hay buenos padres o familiares que terminan cediendo a los deseos del pequeño o pequeña. Y precisamente porque lo son, deberían plantearse lo de los regalos que no sean acordes a su edad, sí a sus mentes infantiles. [Sumario]

Del mismo modo pienso que celebrar un acto religioso en el que la mayoría no cree, me parece, cuanto menos, ser hipócrita con uno mismo y con los que te rodean, puesto que las iglesias cada vez tienen menos fieles y están más vacías pero, en cambio, en una comunión están a rebosar. Y una vez que ha pasado ese “día especial” el niño o niña tarda un suspiro en dejar de ir a la misma.

Como bien he leído por algún sitio “Las comuniones tienen un carácter festivo al que la religión sirve sólo como coartada, como en tantos otros aspectos de la realidad religiosa de los españoles, y a los niños les continúa atrayendo una celebración tan divertida”.

Así de esta forma cuando llega la primavera, los restaurantes, tiendas de ropa y todo lo relacionado con esta celebración saben que tendrán lleno absoluto. Porque esto ya no es lo que era, algo sencillo y familiar, esto es ahora todo un espectáculo.

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