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Yo me lo guiso, yo me lo como

Rodrigo Rato salta desde su yate en presencia de su novia.

Eso es lo que ha debido pensar Rodrigo Rato. Tras pasar varios meses sin ser carne de cañón para la prensa nacional, el que ocupara los cargos de Ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno durante el mandato de Aznar ha vuelto a salir a la palestra. De forma timorata, como quien no quiere la cosa, el aristócrata madrileño presentó un informe pericial ante el juzgado en el cual admite haber dejado sin declarar una suma de 85 euros a la Agencia Tributaria entre los años 2009 y 2014. Sin embargo, Hacienda le acusa de defraudar ocho millones de euros. Qué extraño.

A pesar de que a ningún ciudadano español se le ocurrirá la genial idea de poner en duda la veracidad y legitimidad de dicho informe, el pasado del ex-director gerente del FMI habla por sí mismo. Y no de manera positiva.

Rodrigo Rato ha sido uno de los personajes más corruptos, abyectos y mezquinos de la Historia de España. Investigado por fraude, fijación de precios o malversación de fondos, carga con más de 11 delitos a sus espaldas, 9 de ellos fiscales, entre los que destacan el caso Bankia o el de las Tarjetas Black, por el cual eludió una pena de 4 años y medio de cárcel.

Y mientras, ahí lo tenemos. Vivito y coleando. Cuando no disfruta de las aguas mallorquinas acompañado de su novia y sus bermudas amarillas, que le tapan más de una vergüenza- no tiene mucha- desde la proa de su majestuoso yate, se retira a un remanso de paz en la localidad de Pedreguer para practicar yoga y meditación. Lo que viene siendo un marajá de toda la vida.

Y sí, Rodrigo Rato también perteneció a las filas del PP. Del Partido Popular. Es cierto que ha sido el primer partido político imputado por corrupción en los 40 años de Democracia española. Es cierto que sus casos ilícitos ascienden a más de un centenar. Es cierto que su presidente, que también es el presidente del Gobierno, haya acudido como testigo a declarar en el caso Gürtel. Y no son menos ciertos los 23, 5 millones de euros despilfarrados en el caso Lezo o los 500 millones esquilmados en la Púnica. Bendito dinero.

Y con esto, llego a entender que muchos españoles entonen un PP es malo más de lo que les gustaría al más puro estilo Marhuenda. Pero tampoco debemos olvidar que, aunque en menor medida, existen otros partidos políticos que durante algún momento de su historia han cometido actos ilegales. Desde el PSOE, con el caso ERE de Andalucía o el de Filesa durante el Gobierno de Felipe González, pasando por CiU con el caso Pujol, Coalición Canaria con el caso Arona o Podemos, a pesar de que ellos afirmen ser los niños buenos de la izquierda.

Los casos de corrupción en España no son inherentes a una única formación política. Son un mal endémico y sistemático que florece destruyendo la creación de numerosos hospitales, colegios, becas denegadas o pensiones cada vez más reducidas. Pero eso no importa. Mariano nos recita a ritmo de bombo y platillo que todo va bien. Y nos felicita el 2016. Qué majo. Qué ingenuo. Qué cuentista.

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