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Fría y calculadora: desinformación

Fotografía de Vanguardia.com

Son muchos los que piensan que un periódico es la esencia de la libertad de los ciudadanos, simple papel tatuado de tinta y una verdad enviada directa, como un flechazo a millones de corazones. Esa verdad podrá tener infinitas finalidades: concienciar a un Estado, influir positiva o negativamente en un tema propuesto, advertir de una idea o meramente informar de lo que está ocurriendo. Sin olvidar, por supuesto, la postdata infiltrada entre líneas que solo unos pocos son capaces de leer: ”Recuerden, amigos, que lo que les estamos contando, es la pura verdad”.

[Sumario]

…nos enfrentamos a tal realidad como que un periódico es, a su vez, una empresa capitalista? ¿Qué ocurre cuando se sacrifica la realidad de los contenidos del mismo cuando esta afecta a la rentabilidad de sus propietarios? ¿Qué puede pensar un Estado compuesto de millones de corazones que laten con fuerza para escuchar una sola verdad o tantas de ellas, cuando ven que la veracidad de la información entra en un constante conflicto con los intereses directos de sus dueños? ¿Dueños? Sé lo que estaréis pensando: ”¿Dueños de qué?”. Dueños y propietarios de nuestras mentes, de nuestros ideales. Dueños y manipuladores de nuestros cerebros e influyentes en nuestras almas. Almas que solo exigen una única cosa de ellos: esa esencia de libertad de la que hemos hablado antes. La libertad de expresión de la que tanto se habla como norma principal que tanto se refleja en nuestras constituciones. La libertad y capacidad de leer, escuchar a los medios y poder tener juicio crítico sobre lo que nos venden, claro que eso sería más fácil si los medios fueran capaces de llevarnos a la idea, al parecer, utópica de un periodismo libre y verídico.

¿Qué está ocurriendo cuando la gente de a pie lee entre las líneas de cada ”información” periodística una única postdata: ”Queremos ganar dinero”?

Ocurre que la libertad se escapa y, anhelamos, claro, vivir como pájaros en el cielo en lugar de exigir humanidad para las personas en la tierra. Ocurre que se burlan de nuestras profesiones porque la profesión de un periodista ya no concibe el significado por la que se creó. Ahora consta de una lucha entre entretenimiento al lector y el manejo del poder para quienes lo desean y lo tienen.

Ahora solo nos queda decir, esperanzados, al mundo que nos ven estudiar con entusiasmo una carrera: ”No, es que yo voy a cambiar el periodismo”. ¿Yo? ¿Yo sólo contra el mundo? ¿Contra todos los que nos manejan? Esa es la duda que siempre solemos llevar en nuestra mente, aunque no tengamos el suficiente valor para preguntarnos.

Quizá esa respuesta esté mal empleada en este caso. No, el periodismo ya ha cambiado, lo mueven los intereses. Quizá la respuesta a todas las dudas deba ser: ”No, es que nosotros queremos hacer periodismo”.

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