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En la búsqueda de la felicidad

Julio César es asesinado

Era el siglo I d. C, cuando un gran imperio romano ponía en contacto diferentes culturas y formas de percibir la realidad. Lejos de fortalecer y enriquecer al Imperio, todo se tradujo en el principio de su decadencia. A continuos cambios políticos, le sobrevino el hundimiento de muchos estados absorbidos por Roma; el empobrecimiento de ésta; la moral libertina de los Cesares; corrupción en senadores y tribunos; y otros elementos parasitarios que convertirían ésta en una época de contradicciones.

En pleno siglo XXI, la globalización vuelve de nuevo a poner en contacto a gentes de lugares remotos, a economías variopintas que despiertan, al igual que la esclavitud en Roma, la conciencia de masa oprimida en los países en vías de desarrollo.

Una insatisfacción general nos lleva a un vaivén de cambios políticos que han perdido la finalidad última de su qué hacer, encontrándose inmersos en una lucha por el poder per se.

En Roma, la filosofía dirigía la vida del cultivado intelectualmente. Por ello, desde una percepción epicúrea de la realidad, malinterpretada hacia la búsqueda del placer físico por su élite, se entregaron a la ausencia de moral y placeres carnales.

Incluso con esto nos acercamos a las bufonadas entre alcobas de la curia romana y su Senado. La falta de honestidad, las malas interpretaciones de las ideas del epicureísmo, se ven reflejadas en la búsqueda, por parte de nuestra clase política, del placer y el propio enriquecimiento económico a costa del pueblo.

Pero la conciencia de masa oprimida del siglo XXI, no nos aleja tampoco de la respuesta romana de sus ciudadanos: desengañados de partidos políticos, hastiados de continuos hechos corruptos, despojados de lo recaudado en las arcas del Estado, ninguneados por los crímenes contra la confianza depositada por el pueblo a la democracia, y que llevan a España a una profunda crisis económica. Los ciudadanos actuales se agarran estoicamente, también, a la búsqueda del placer, y no encontrándolo en la realidad, intentan llegar a un estado de ataraxia endémica que les lleva a la pasividad, sumisión y entrega del poder democrático a tan inepta e indigna clase política.

¡Despertad estoicos!, una vez Gandhi dijo: “La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer, resolvería la mayoría de los problemas del mundo.”

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