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“Estudié en la escuela de la vida”

Por BEATRIZ GARCÍA. 27/01/2017

Benjamín, natural de Argentina, lleva 10 años en Bilbao tocando su guitarra en la calle

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Dire Straits, Pink Floyd o Cindy Lauper entre sus artistas favoritos. Música de los 80 para dar color a las zonas más emblemáticas de Bilbao – Casco Viejo, Gran Vía o Indautxu-. Una guitarra al hombro y un cigarro es lo único que necesita Benjamín, un argentino que lleva 10 años residiendo en Bilbao. Y es que, este músico puede decir que se gana la vida con su pasión: La música.

Benjamín ha trabajado como comercial, pero siempre ha sabido que quería dedicarse a interpretar con su guitarra. “También toco el piano, compongo, me gusta aprender, soy un músico autodidacta”, señala. Forofo del River y admirador de Kempes. Y es que no solo comparten nacionalidad. Kempes fue un mago del balón, como se decía en España: ‘No digas Kempes, diga gol’. Y Benjamín es un virtuoso de la guitarra que interpreta las canciones de cuando el delantero estrella de ‘Los millonarios’ era el mejor jugador del mundo.

Criado en una familia de músicos y cantantes, empezó con 5 años a interesarse por la música. “Se me hizo muy fácil tener los instrumentos porque en mi casa había guitarras, baterías, clarinetes, etc”, dice. Fue también en su tierra natal, Argentina, donde empezó a instruirse en los diferentes instrumentos a través de libros. “He leído de todo, he aprendido a tocar la guitarra y el piano leyendo y practicando mucho”, indica. Y es que desde pequeño siempre ha sido una persona muy curiosa.

Una vez dominados varios instrumentos supo que su futuro estaba ahí, en la música. “En Argentina estuve con bandas grandes que estuvieron a punto de triunfar”, indica. Sin embargo, tiene claro que no le gusta el mundo que se mueve en torno a las discográficas, incluso reconoce que no quiere “ser un esclavo de las compañías”. La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) y otras compañías del ámbito musical son las que adquieren parte de los derechos de los músicos. “Se dedican a lucrarse del músico, han convertido el arte en un negocio y yo no quiero colaborar”, aclara. Por eso prefiere seguir tocando en la calle y hacer disfrutar a la gente sabiendo que el talento solo le pertenece a él.

Se refiere a sus homólogos como almas musicales. “No hay artistas mejores o peores, solo somos personas que tenemos la suerte de poder dedicarnos a lo que nos gusta”, dice. Benjamín, gracias a el tiempo que lleva tocando la guitarra en Bilbao, dice que puede vivir gracias a lo que recauda. “Vivo malamente, no tengo ningún lujo, pero puedo pagar el alquiler y algún vicio que tengo”, comenta. Además, reconoce que “el público vizcaíno es fantástico y se porta muy bien”. Está cumpliendo su sueño de la infancia, que es vivir de la música.

En Bilbao suele estar por varias zonas tocando. “Bilbao es muy grande, voy desde Gran Vía a Barakaldo o el Casco Viejo”, dice. Sin embargo, no vive en una zona fija, lleva 10 años dando tumbos por la localidad vizcaína. “Estoy por todas partes, según vaya recaudando”, señala. Se reconoce amante de Bilbao. “Es aquí donde empecé realmente a tocar en la calle”, recuerda.

Aunque los músicos callejeros no lo tienen nada fácil. La relación con la policía municipal es, como describe Benjamín, “de amor y odio a la vez”. La normativa del ayuntamiento regula una estancia máxima de 45 minutos en el mismo lugar, por lo que los músicos deben ir cambiando. Benjamín piensa que algunos lo tratan como “a un ladrón o mendigo” por estar tocando en la calle. “Hay dos o tres policías que vienen a humillarme cuando hay mucha gente y hay veces que he tenido que irme porque me han puesto agresivo”, cuenta. Pero normalmente reconoce no tener problemas con las fuerzas de seguridad municipal.

Benjamín ha viajado mucho y, después de estar dando bandazos de un lado para otro, ha decidido quedarse en Bilbao, donde ya lleva 10 años viviendo. Ha tocado en Barcelona, Málaga o Girona. “En el norte es la mejor zona, la gente agradece mucho y no hay tanta crisis como la que hay en el sur”. Como todas las personas que trabajan en la calle, tiene sus ‘truquitos’. Señalando la funda de su guitarra reconoce que tiene “mucho más dinero del que se ve” y es que la guitarra tiene un doble fondo que oculta más monedas. “Si la gente ve mucho dinero igual pasa de largo y no echa dinero”, confiesa.

Reconoce que está muy agradecido de poder dedicarse a la música y que le gusta hacerlo en la calle. “La gente viene, me saluda, me felicita por lo que hago y me da fuerzas para seguir”, dice. También señala que el tocar en la calle te da una cercanía con el público que no tienes de otra manera. “Hay gente que ya me conoce, que me suele dar dinero cada vez que me ven, son casi amigos”, señala. Si mira al futuro tiene claro que quiere seguir haciendo lo que más le gusta, que es dedicarse a la música, seguir tocando su guitarra y seguir aprendiendo. “Siento que estoy cumpliendo mi sueño y no todo el mundo puede presumir de poder vivir de su pasión”, finaliza.

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