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OPINIÓN | LA SOLEDAD ELEGIDA, QUE NO IMPUESTA, TE HACE SENTIR LIBERTAD

Soledad acompañada

Por ANA MANCHEÑO MORALES. 28/01/2017

Sentí la libertad de sentirme libre, de ser y hacer lo que muchas veces, en los últimos tiempos, olvidé

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Por suerte o por buena suerte tuve que aprender a empezar de nuevo, y sola después de casi muchos años acompañada. No puedo precisar en qué momento sucedió. Sólo sé que a partir de “ese momento” nada fue igual, afortunadamente para mí. Sentí la libertad de sentirme libre, de ser y hacer lo que muchas veces, en los últimos tiempos, olvidé.

Y me convertí en alma solitaria que no en soledad triste y abatida por no tener una mitad gemela dándome la tabarra ¡Qué va! Me sentí pletórica, llena de luz, de energía. Con miles de proyectos en mi cabeza por empezar o crear. Y sin tener que estar oyendo la sempiterna voz de “te lo dije, te equivocarías”.

Porque ahora la que se equivocaba, en caso de ser así, era yo. Solo yo. Sin más explicaciones absurdas ni justificaciones por el hecho de hacer algo que, a otros, les pueda parecer fuera de lo normal ¿Pero qué es lo normal? Quién escribió esas pautas para que, en muchos casos, no se puedan reescribir otras o simplemente quitarlas de en medio.

Y en esas estoy. Porque cuando vuelo por el mundo (que tampoco es necesario, cruzártelo de punta a punta) sólo has de atravesar la calle más próxima y observar detenidamente para ver que muchas personas están acompañadas, a veces por cantidad de gente ( amigos, hijos, primos, vecinos..) pero que en realidad están pidiendo a gritos que la dejen sola. Aunque estar y salir sola (sobre todo en caso de ser mujer), no son tantas como dicen esas que van de “cool” por la vida. Porque hasta para esto hay que tener coraje, y la valentía necesaria para, en caso de desearlo, volar sola ya sea una tarde, una noche, un día… o toda la existencia.

Yo me sentí tan llena, tan acompañada cuando aprendí a ser feliz con mi compañía, que me produce lástima cada vez que reparo en alguien rodeado de gente pero que en realidad está solo, con una soledad que no le dejan compartir.

“Quiero estar con alguien por el placer de compartir, no por el dolor de sentirme solo”.

Probablemente quien lea esto, estará pensando que lo que escribo corresponde a una persona que no tiene más opciones. Os aseguro que no es así. Y que por supuesto me encanta compartir momentos con los demás. Pero la soledad quiero compartirla solo conmigo. Quiero dominar a mi soledad, no ella a mí.

Como escuché una vez referente a la soledad “Quiero estar con alguien por el placer de compartir, no por el dolor de sentirme solo”.




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