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OPINIÓN | COSAS QUE PIENSO

La pobreza, la trata y la carne a precio de saldo

Por EDURNE GARCÍA ORDÓÑEZ. 20/02/2019

Secuestro, violación, maltrato físico y psíquico, y tráfico y venta de seres humanos, son solo algunos de los delitos que cometen los tratantes de personas, tipificados y castigados.

  • La casa del mar (Marruecos).
    La casa del mar (Marruecos).
  • Sin retorno ante La última puerta de Gorée (foto: Santi Delgado).
    Sin retorno ante La última puerta de Gorée (foto: Santi Delgado).
trata de seres humanos con fines de explotación sexual

Parece que quieren elaborar una ley para abolir la trata de seres humanos, generalmente mujeres y niños, y también hombres. Está bien, lo mismo que está bien que los letrados y jueces nos recuerden que ya hay un abanico de extensa legislación, por la que se entrulla y condena a los traficantes de personas; eso sí, con penas escasas de prisión. Bueno, posibilidades de poner a la sombra a estos mafiosos las hay, y arrestos por esa causa los narramos, lamentablemente, cada día, en cualquier rincón de país.

La cuestión es que las mafias (china, rusa, croata, albanesa, española, colombiana, nigeriana…) van a por las presas más fáciles, para convertirlas en esclavos y forrarse hasta las cejas (billones cada año). Saben dónde está el mejor caladero: la pobreza y quienes buscan una salida. La pobreza es un estado de vejación, a veces acompañado de ignorancia. La pobreza es ser niña de 5 o 7 años y que tus padres te vendan, para que el comprador te use como quiera; la pobreza es privarte de una formación reglada, porque ya en casa existe esa esclavitud encubierta de trabajar en el campo, la huerta y las tareas que ayudan al resto de familiares. La pobreza es prostituirte, para ayudar a mantener al resto de la prole.

¿Alguien piensa, a estas alturas, que las cientos de nigerianas (por ejemplo) que la Policía libera de sus proxenetas en España, no saben a lo que se enfrentan cuando salen de su país?, alguien se ha preguntado ¿de qué huyen cuando cruzan la frontera y recorren miles de kilómetros, hasta llegar a Libia (por ejemplo)?, hay alguno que se detenga a pensar ¿por qué más del 10% de los migrantes que piden algún tipo de asilo, renuncian a realizar los trámites para regularizar su situación?

La trata de seres humanos con fines de explotación sexual es un delito más viejo que el hilo negro: es la esclavitud; siglos de negreros (La casa del mar [Marruecos], La última puerta [Gorée, Senegal]…); ahora algo más solapada porque, claro, los mafiosos van un par de pasos por delante y están bien listos para que no les echen abajo el negocio. Un negocio que comienza en el origen: la pobreza, y continúa en la deuda que contraen las víctimas por el viaje, su destino y alojamiento; aumenta con la compra de documentación falsa, para sacar la cabeza en alguna parte y se engorda en el día a día. La forma que tienen los tratantes de cobrar es vender el cuerpo de las víctimas a precio de saldo, obligarles a trapichear con drogas hasta llevarla a querer ascender en la pirámide mafiosa (gobernanta, testaferro, lavadora de dinero…); la perversión está servida.

La liberación de sus captores y explotadores abre muchas veces un abismo a las víctimas que llegan sin conocer el idioma, sin formación, sin arraigo familiar, sin trabajo, sin dinero… y, en el mejor de los casos, con la posibilidad de ser acogidas, durante un tiempo que no es infinito. Entonces, hay quien se haya planteado ¿cuál es su futuro, su destino, sus posibilidades de no volver a someterse a los tratantes?

Bueno, pues ya que lejos de luchar para erradicar la pobreza los gobiernos se empeñan en incrementarla, parece que lo mejor es pelear contra las mafias, con la meta de erradicarlas y la certeza de que caída una, repuesta de inmediato. Es tan ardua la tarea como urgente, demostrarles a los mafiosos que no se van a ir de rositas, con condenas de 7 años que quedan en 2,5 o 3, tiempo en el que continúan en contacto con sus células, despliegan sus tentáculos y salen por la puerta, con nuevos negocios del mismo palo en perspectiva; y, además, con cierta certeza de que “la próxima vez, no me pillan”. Rápidamente se integran con sus colegas de mafia y vuelta a empezar: se hacen con documentación falsa, cambian de provincia o país, se van a un nuevo destino y al caladero a por otras víctimas: más carne pobre que machacar.

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