OPINIÓN | VIOLENCIA DE GÉNERO

El cuento de la princesa rota

Por ALBA MARRERO. 14/01/2019

Aparece el debate político poniendo en duda todo lo que se ha conseguido hasta ahora y gritando aunque aún con voz bajita: «¡A sus quehaceres, mujer!»

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Obra "Felices por nunca jamás" de Saint Hoax


« ¿Qué preferirías: niño o niña?». «Las niñas dan más problemas». «Las niñas se pueden quedar embarazadas». «Las niñas cuando crecen…». « ¡Qué va! ¡Qué va! ¿Una niña? ¡Cómo salga tan guapa como la madre… ¡A ver qué hago yo!». « ¿Cuántos novios tienes?». « ¿Tú te casas conmigo cuando seas grande?» «Ya se ha hecho señorita». «Ya no eres una niña». «Ahora tienes que cuidarte». «Ven, vamos a hablar de lo que te puede pasar si…». «Los chicos son malos». « ¡Por favor! estás en una edad en la que no se te puede decir nada». « ¿Ya tienes novio?». «Como sigas así, nadie te va a querer». « ¿Tienes la regla?». «Tiene el carácter de la madre». «Arréglate un poco». « ¿A dónde vas tan arreglada?». «¿Y el novio… dónde lo dejaste?». « ¡Mira la carita que tiene! Se ha echado novio». « ¡Qué humos! Seguro que la ha dejado el novio». «Tan guapa ¿y sin novio? Seguro que es mala». «No se le conoce novio. Es rarita». « ¿Tan joven y en ese puesto? ¡Qué habrá hecho para conseguirlo!». «Le espera siempre fuera del trabajo ¡Es tan romántico!». «¿Celoso? ¡Bueh, eso es porque te quiere!». «Es normal que le moleste. Eres una chica muy guapa». «Ya nunca tienes ganas». « ¡Ya nunca pasas tiempo conmigo!». «Tu amiga Marta es un poco suelta». «¡Tápate un poco! Luego te quejas de si te dicen cosas». « ¿Le has visto la marca en el ojo? ¡Algo habrá hecho!». « ¿Ya no te gusto?». « ¿Hay otro?». «No me obligues a hacer esto». «¡Tú lo has elegido! Si fueras buena, no pasaría esto». «No sirves para nada». «No habrá próxima vez. Te lo juro». «Es que me obligas; lo siento». «Si lo hago es porque te quiero». «Si me dejas, me mato». «O conmigo o con ninguno». «Juro que te mato». «La maté porque era mía».



No se ha despertado ninguna bestia con la llegada de VOX. Sólo ha salido de paseo a pecho descubierto. Hubo un tiempo en los que se consiguieron cosas como que la mujer pudiese ser quién le diera gana; incluso madre. O no. Lo que ella quisiera. Hubo un tiempo en lo que era un auténtico escándalo ser machista, homófobo o racista en voz alta   porque las cosas de uno eran de uno. Como las colecciones de soldaditos en los desvanes de las casas. Había pasado de moda. Los «sin valores», como me gusta llamarles, odiaban en silencio, haciéndose heridas en la lengua. Resulta que llegó, no hace mucho, una hurraca de pelo amarillo y malos modales, hablando de muros y tuiteando en lenguaje de veneno, que no sólo suponía la presidencia de Estados Unidos sino la expansión del odio; la carta blanca a que los villanos volviesen coquetos a las calles de las ciudades de todo el mundo. A los parques. A las manifestaciones. A los bares. A las redes sociales. Y así se fueron poniendo en jaque y duda derechos fundamentales, obvios, de sentido común como un sistema que elige proteger a las víctimas de violencia de género. Empieza, por tanto, el mundo a resquebrajarse en dos; en buenos y malos; en izquierdas y derechas; demócratas y republicanos; fascistas y chavistas; feministas y… feminazis.



Y esta gente de VOX, recién salidos de su caverna, adeptos al discurso de odio que puso de moda Trump, abalan un sistema para nuestro país en el que esas locas del cornio terminen con el bozal puesto en un sistema de extrema derech… perdón: odio. Extremo odio. Gente joven que por alguna extraña razón, seguramente radique en la educación —equívoca educación—idolatran la herencia patriarcal. Incapaces de creer que cualquiera de los sexos pudo morder la jodida manzana y que la mujer no es ni enemiga ni rival por querer ser dueña de su destino. Alegan el cuento de la vieja majadera en el que existen denuncias falsas por violencia de género e ignoran a las mujeres que mueren por serlo porque ser mujer es un pecado, ya lo dicen algunas religiones, y algún imbécil. Y no importan entonces esas 47 mujeres asesinadas en nuestro país en 2018 a manos de la hombría dañada de algún varón despreciable. Ni las dos que llevamos sólo en la primera quincena de 2019. Alegan, alegan, alegan y nosotras morimos, morimos, morimos.



Y así aparece el debate político poniendo en duda todo lo que se ha conseguido hasta ahora y gritando aunque aún con voz bajita: «¡A sus quehaceres, mujer!». Se acabó la marcha, la fiesta y la lucha. En lugar del violeta en las camisetas, que aparezca en los ojos y en las piernas. Qué vuelvan los ropajes largos, los sueños rotos, los embarazos no deseados, las violaciones calladas, las mujeres no libres, las mujeres «no personas», las «sexo débil». Qué vuelvan todos esos príncipes azules a salvarnos de la soledad, de la virginidad y del mal carácter. Que nos revienten en dos, que nos tiren al río, que nos violen, que nos droguen, que nos humillen y que nos espeten cuarenta puñaladas; que nos maten porque éramos de ellos —siempre lo fuimos—.Y qué importan las 975 mujeres asesinadas desde 2003 en nuestro país si todo era un cuento; una denuncia falsa de una princesa rota.


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