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La madre del pequeño Gabriel: "Me gustaría creer en los milagros y vivirte un minuto más"

Por MIGUEL PÉREZ MONTES. 06/05/2018

Patricia Ramírez vivirá de una manera muy diferente el Día de la Madre, casi dos meses después de la aparición del cuerpo del niño.

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La foto que Patricia ha compartido con sus seguidores en Facebook de un pintor gallego en honor al pequeño Gabriel.

Hoy es el Día de la Madre, un día diferente para la madre del pequeño Gabriel. Patricia Ramírez ha querido escribir unas palabras a su hijo, donde muestra su deseo de poder disfrutar de él "un minuto más".

En ella, cuenta cómo habla con su hijo en sueños, en sus recuerdos, aquellos que no quiere perder para sentirse unida a él. Cuenta cómo se siente al escuchar sus canciones, al ver la pulsera que le regaló el último Día de la Madre que pasaron juntos... Cómo siente el cariño de la gente en estos meses tan duros para ella y para Ángel, su padre. Alagando a su hijo, muestra alguna conversación que solían tener en esa relación tan estrecha que tiene un hijo con su madre, conversaciones que siguen estando presentes en su memoria, como si nunca se hubiese ido.

La carta íntegra, a continuación:

Hola ¡Pequeño!

¿Cómo está lo más bonito del mundo después de mí? Me parece estar escuchando tu voz diciéndome:

-¡Aquí! Soy yo, mami, porque tú eres bonita, la más bonita del mundo después de mí.

Gabriel, a veces te siento susurrándome que me acerque a ti a través de los recuerdos, y es por ello que negándome a perderlos, intento escribirte a diario contándote cositas nuevas de las que hago, y rememorando contigo nuestros pequeños momentos, nuestro lugares comunes.

Mañana es el día de la madre, 6 de mayo, y hay una parte de mí que se siente más madre tuya que nunca, que está empapada de ti a todas horas, en cada pensamiento, y te ve en cada niño/a, en la mar, en las ramblas, en mi cama por la noche… Luego está la otra (sabía que antes de terminar de contarte me lo ibas a preguntar) en la que te busco para abrazarte y no puedo hacerlo como antes. En la que busco tu olor y emborracharme de ti teniendo miedo a perderlo para siempre. En la que escucho tu voz, tu chao, chao y me pregunto si esos audios los podré guardar toda la vida.

Mañana hará un año del día que querías comprarme la pulserita negra para regalármela por mi día. Te «conchavaste» con la yaya Luisa y las peluqueras, para que nadie supiese que estabas juntando dinerito, porque querías un regalo muy tuyo. ¡Y así fue!, tu cara de orgullo no tenía precio cuando me la regalaste con esa noticia que volviste a escribirme en casa el último día que dormiste allí. ¿Sabes Gabri?, la llevo conmigo, se me rompió, pero nuestra «Anuchi» me la arregló con tanto afán que creo la hizo indestructible.

Quiero contarte algo muy especial que me pasó antes de ayer, algo que me llevó a pensar que realmente estabas tú detrás y que los milagros existen. Verás, por la mañana bajé a desayunar y el cartero me había dejado un paquete. En lugar de abrirlo terminé de escribirte y después lo guardé en el coche para irme a Almería a hacer esas cositas que las mamás tienen que hacer, aunque no les guste, pero que son necesarias para protegerse y proteger a los que más te quieren.

Cuando llegó la tarde y volví a casa, me senté en el suelo con unas tijeras y comencé a abrirlo (he de decirte que venía muy bien embalado y ¡resultó un trabajo muy costoso!). Me lo enviaba un señor de La Coruña al que no hemos conocido nunca personalmente y al cuál estaré eternamente agradecida.

Cuando lo abrí, en primer lugar, leí una carta que lo acompañaba; tuve que parar a respirar en diferentes ocasiones, lloré, sonreí, me estremecí… sintiendo como empatizaba con mis emociones hasta tal extremo, que era como si hablará por mí o para alumbrarme el camino.

Admiré la humidad y honestidad que traslucían a través de sus palabras, la generosidad de un corazón por hacerle bien a otro, el mío. En su carta me decía que él no era pintor, ni hacía retratos, solo pintaba paisajes, pero que se encomendó a ti y tú le guiabas en sus trazos. Creo que voy a leerte algo de lo que me escribió.

«Cuando me puse a pintarte a ti no sabía cómo empezar. Es muy difícil retratar la belleza de un ángel como tú, mi niño, con esa sonrisa tuya tan bonita y con esa mirada, esos ojitos bellos que tienen luz propia que ilumina al mundo entero».

¿Y sabes algo más? Que después de terminar el lienzo le hizo un marco precioso, se bajó al mar como nosotros y cogió tierra de la playa, pensando en que nos gustaría; buscó conchitas y estrellas de mar (recuerdo la primera vez que las viste desde la piragua, tu cara de asombro y tu vocecilla entusiasmada queriendo compartir tan intensa experiencia). Con todo ello le hizo un marco «marino» -como seguro diriías tu- al que añadió unos girasoles preciosos.

Después de leer su notita, te vi y me quedé atrapada en su obra, en tus ojos, llegando a pensar que realmente hay personas que brillan en la oscuridad y él había tenido el don de mostrarme a mi niño, bello y lleno de vida. Situaba cada una de sus palabras sobre el lienzo y caían lágrimas de consuelo, sin angustia. Lágrimas que te sanan al compartir tu dolor y sentir como TODOS SOMOS GABRIEL está en lo más hondo de la buena gente, bella gente. Lágrimas que se tornan en la ilusión de que puedas estar sintiéndolo, sintiéndome, sintiéndonos.

En su carta me anunciaba que habló contigo y que, aunque inicialmente el cuadro era para ponerlo en un lugar de su casa, le pediste que me lo enviase como regalo en tu nombre del Día de la Madre, porque sabías que me iba a reconfortar (He de confesarte algo, Gabri, ni siquiera había reparado en que estaba próximo 6 de mayo y, como era inevitable, rompí nuevamente a llorar, reflejándome en el brillo de tus ojos). Más tarde, cuando vino la calma, pensé que lo mejor que podría hacer, en tu nombre y el suyo, era compartirlo con todas aquellas personas que desde el día 27 han estado apoyándonos y queriéndonos.

Ahora suena, de tu lista de Spoty, la que me acompaña cada vez que me pongo a escribirte, «Gloria a ti» de Rosarillo. La escucho y de repente a mi cabeza se me viene a confesarte que sé que tengo que vivir con tus recuerdos... Pero hay una parte de mí que espera volver a verte, escucharte, sentirte… más allá, en un milagro… ¡DIOS! Como me gustaría creer en los milagros y vivirte un minuto, solo un minuto más.

Si sueño con ello, pienso que me quedaría observándote atónita... dejándote marcar los tiempos y memorizando tus límites de expresiones en pocos segundos. Si sigo soñando se me viene tu carita y ojos tiernos, a la vez que te acercas pidiéndome mimitos, dejando aflorar tu ternura de limpieza. Imagino como te abrazarías y seguro que te encogerías como un paquetito entre mis brazos y me hablarías, primero triste, diciéndome lo que me echas en falta y lo que esperas que haga por ti. Luego, seguro, que rápidamente levantarías inquieto, pizpireto, y me dirías con voz de entusiasmo:

-Mami, ¿sabes una cosa? -yo me imagino, sonriéndote con cara de sorpresa sabiendo lo que me vienes a contar- es que mira, ¡impresionante!, he visto miles y miles de peces mamá… y algo muy raro mamá: ¡Todo el mundo escucha girasoles!

-¿Y sabes qué? Creo que me quiere mucho todo el mundo, mamá, como tú me decías…. ¡en serio mami! no te miento. ¡Como a Carlitos!, pues mucho mucho más... Pero tengo miedo mami, así que quiero que me prometas que no vas a dejar que me vean feo.

-¡Ah!, ¿sabes que te mandé una calavera portuguesa?. Sé que cuando te enteraste -aquí estaría viendo cómo tu cara cambiaría a tierna y sensible volverías a arrimarte mis brazos acurrucándote-, sabrías que había sido yo quien la había mandado a esta costa de Almería que tanto nos enamora, para que supieses que estoy contigo. ¡Lo sabía mami! (me dirías) porque hablábamos mucho de ellas, y recuerda que Víctor, el gran buceador, nos dijo que era imposible verlas en nuestro mar.

Creo que, después, se haría el silencio y nos miraríamos… te diría «te quiero» y tú responderías:

-Yo más… -te imagino en tono bajito y sonriente-, ¡Infinito!

Yo te respondería más infinito elevado al infinito... Después nos quedaría el silencio enamorado y nos despediríamos.

Al alejarte -quiero soñar que con la esperanza y certeza de volver a compartir otro minuto contigo, para que me cuentes tus cositas y yo las mías-, gritarías de lejos:

-¡SIGUE ASÍ, MAMÍ!, vas bien.

Este es el sueño de un minuto que hoy hemos tenido. Esos son mis sueños contigo mi amor, y es por ello que intento escribirte y hablarte a diario, para que alguna vez sean tan reales que nos hagan sentirnos inmortales.

Quiero decirte que sigo protegiéndote, a ti y tu sonrisa eterna, a tus principios, valores, a tu alegría en tu forma de vivir. Lo hago de diferentes maneras, cuidándome para estar fuerte y poder seguir andando con el arrojo necesario.

Sé que te alegraría saber que, junto a papá, nos estamos encargando de que no se mencione a la bruja mala, y haremos todo lo posible porque no pueda hacer daño nunca más. Sabemos que prefieres ver gestos de alegría y amor en los que tu esencia se ve reflejada.

Me gustaría dejarte tranquilito y asegurarte que tu mami no va a permitir que se pueda ver feo, no te lo mereces y hay bellísimas personas que nos están ayudando y no lo van a permitir. No estoy sola, mi niño, hay mucha buena gente que nos ayuda desde lugares diferentes, te ayuden a ti y nos protege a todos. Seguro que después de todo lo que te contado yo no te extraña que se escuche tanto la canción de Girasoles.

Queda tranquilo y descansa. Está todo bien y mañana será un buen día, mi niño. Nos vemos en nuestros sueños.

Patricia ha compartido la carta en su perfil de Facebook:

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