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CULTURA | ENTREVISTA MARÍA HERVÁS

"Con Ifi, mi personaje, aprendo a que la intelectualidad está sobrevalorada"

Por LAURA ALFARO PINEDO. 12/07/2018

Con 31 años tiene muy claro cómo quiere enfocar su carrera. María Hervás siente pasión por su trabajo, la interpretación y lo demuestra con "Iphigenia en Vallecas", su proyecto más personal.

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María Hervás metida en la piel de su personaje Iphi

Frente al Teatro Kamikaze, en pleno Lavapiés, espero a María Hervás para hablar con ella de su gran éxito Iphigenia en Vallecas, que se representará en este mismo teatro hasta el 29 de julio. Obra que le ha valido el Premio de la Unión de Actores a Mejor Actriz de Teatro y que ha sido renovada en varias ocasiones por el gran éxito de crítica y público. Cuando llega nos sentamos en la terraza del teatro. Ahí empieza a saludar a varias personas de alrededor que solo tienen palabras buenas sobre ella. Rebosa sencillez pero, cuando empezamos la entrevista, también profundidad y sobre todo preocupación por la sociedad y los problemas que la rodean.

Personalmente, pienso que es muy complicado que una sola persona mantenga a un teatro atento durante una hora y media.

No es por quitarme mérito pero es por la historia, es muy poderosa.  Al principio no sabes bien por dónde va o qué te va a contar porque Gary Owen, el autor original, la ha escrito a la perfección. Llega esta tía que la ves con esa energía tan agresiva hacia el público y la gente se queda noqueada con su aparición. Más tarde, cuando empiezan a relajarse, se desarrolla todo el conflicto por lo que ya están tremendamente metidos en la historia.

Desde fuera pienso que hace falta ser valiente para realizar este tipo de monólogos/trabajos.

Por casualidades de la vida he hecho varios monólogos. El primero que hice fue el de Confesiones a Alá, teniendo 25 años. Trataba de la historia de una chica árabe desde los 16  hasta los 25 años. Era muy complejo, incluso más que Ifi. Así que ya estaba curtida. Me gusta mucho el formato  monólogo porque me siento muy segura. Puedo dirigir todo lo que pasa en el escenario sin tener que hacer un consenso con mi compañero porque en ese momento no lo tengo. Por supuesto, siempre respetando las pautas de mi director, Antonio Castro Guijosa, aunque me da margen y puedo sopesar las decisiones que voy tomando en el momento.

Pero también tienes una mayor responsabilidad.

Totalmente. Intento no pensarlo y bloquear la mínima posibilidad de que algo no salga bien. Es un funcionamiento muy natural y muy humano es como no pensar en la muerte. Todo el mundo sabe que va a llegar pero la tenemos bloqueada para poder vivir. Por un lado, tengo bastante bien controlada mi cabeza para no caer en esos pensamientos, que son los que te pueden llegar a bloquear en escena. Por el otro, yo nunca me siento sola cuando hago monólogos. Estoy contando, muy directamente, una historia a 280 personas  y estoy muy pendiente de sus reacciones. Si focalizas que tú estás contando esa historia a un montón de gente… lo último que estás es sola. Muchas veces los actores se olvidan de que están contando algo a alguien y se piensan que son ellos mismos con su mecanismo. Eso es un problema. Nunca estás solo porque estás contando una historia.

Es interesante ese punto de vista de que un actor nunca está solo.

Creo que ese debería ser el punto de partida de cualquier actor. Desafortunadamente, no todo el mundo se forma en su oficio. Al fin y al cabo esto es un curro y hay que trabajarlo, no es tanto un talento dado con una varita mágica. También tienes que tener la suerte de contar con los maestros que te cuenten las cosas básicas de este trabajo. Si yo impartiese clases de interpretación les diría que nunca se olviden de que se lo están contando a alguien. Así nunca se sentirán solos.

Quizá ese planteamiento sea más valido para el teatro que para el cine o la televisión.

Obvio. Aun así, aunque hagas un formato audiovisual, no debes olvidarte nunca de que hay varias dianas. Mi diana principal es el actor con el que trabajo, pero la cámara es el espectador, o lo será el día de mañana. Le cuento esta historia a mi compañero pero ambos nos estamos dirigiendo a la cámara.

Has estado involucrada en esta obra desde el principio: la búsqueda del texto, adaptación, producción…

Es mi proyecto personal. Me puse a investigar en el Festival de Edimburgo, de la edición de 2015, los textos que podían llegar a ser más interesantes. Compré varios de ellos y cuando leí el de Ifi... me emocioné mucho porque estaba buscando un proyecto para hacerlo mío. Ahí es cuando empiezo a traducirlo, adaptarlo… Más tarde, conozco a Antonio (C.Guijosa) y decidimos coproducirla juntos.

Todo este proceso ha hecho que adquieras una gran mimetización y empatía con tu personaje.

Todas las noches que me subo al escenario aprendo algo de Ifi. Sobre todo que la intelectualidad está sobrevalorada en nuestra sociedad. Es decir, que el que es más culto, está más formado y tiene más títulos, es el mejor. Eso es un cuento chino y cada vez lo tengo más claro. Aunque esto interesa porque vivimos en un sistema capitalista absolutamente centrado en producir. También he aprendido que el instinto, si está bien cuidado y entendido, es lo más poderoso que puede tener un ser humano, incluso a la hora de tomar decisiones en pos de una justicia social. Sin dar tantas vueltas a la cabeza sino escuchar lo que te dice tu tripa y tu corazón. Iphi es todo eso.

 Puro impulso, también.

Sí y por supuesto eso también le lleva a lugares violentos pero creo la rabia de Ifi es mucho menos peligrosa que otras brutalidades racionales. Es decir, las que van dirigidas con objetivos lucrativos y a las que estamos sometidos constantemente. Hay violencias más silenciosas pero mucho más peligrosas que las que pueden ejercer personas como Ifi.

Interpretar a un personaje “choni” es complicado debido a que se puede caer en la exageración.

He contado con una dirección muy buena (Antonio C. Guijosa)  y con mucha observación de vida. Soy de un barrio llamado Puerta de Toledo así que conozco a muchas chicas parecidas a Ifi, amigas mías de la infancia… Es una realidad que tengo muy focalizada. Pienso que tanto como Antonio en la dirección como yo en la interpretación, hemos intentado ser muy justos con ella, con sus emociones y su verdad. Investigar lo que le está pasando a ella como ser humano. En ningún momento la juzgamos, sino que directamente contamos lo que el texto dice que le está pasando. Precisamente la obra está hecha de tal modo para que tomes conciencia de que eres tú el que la estás juzgando. La ves aparecer en el escenario y piensas: “Mira, ahí está la choni”.

A raíz de lo que estás contando... Ifi tiene sus defectos, su rabia o su compleja forma de ser pero a la vez es muy honesta, no pretende engañar a nadie.

Es auténtica, lo que ves y efectivamente no quiere engañar a nadie. Además, tenemos tantas etiquetas puestas sobre ella que probablemente se sienta incapaz de poder engañar con éxito a nadie con lo cual decide ser quién es y punto.

Ella es consciente de esas etiquetas todo el rato, ¿verdad?

Sí. Ya empieza la obra diciendo: “Me veis y creéis que me conocéis y pensáis que pedazo de guarra, kinki de mierda y creéis que sabéis quién soy solo por vuestros prejuicios pero os estáis equivocando(…)”. Las etiquetas que tenemos sobre ella son su estímulo a la hora de contar su historia y abrirnos los ojos.

Durante la obra pensaba que todo lo que le pasaba a Ifi era debido a cómo trata la sociedad  a ese tipo de personas, pero luego me di cuenta de que nos podía haber pasado a cualquiera.

Es cierto que es un personaje en el que se puede personalizar las tragedias en las que vive un montón de gente de clase baja, obrera…Al fin y al cabo están en la base de está pirámide de poder en la que vivimos. Creo que estamos en un momento de tanto individualismo y de tan poca preocupación del otro que efectivamente ese drama le podría haber ocurrido a cualquier persona. Lo que pasa es que es muy distinto si le pasa a la hija de Amancio Ortega que si le pasa a Ifi, porque ella no va a tener los mismos medios.

También pienso que ella actúa así muchas veces como un instinto de protección porque, al fin y al cabo, solo busca sentirse querida.

Claro, pero yo pienso que como todos nosotros.

Es un personaje que también anda muy perdido. Parece que se refugia en el alcohol y en la fiesta para no pensar.

Es una persona que no tiene estudios ni trabajo. Ni tampoco tiene una facilidad de acceso a ellos como otras personas. A parte es muy joven y va como sin rumbo por la vida. Tampoco tiene muchas esperanzas de que su suerte pueda cambiar y convertirse en algo mejor, en un proyecto de algo. Creo que cuando te van machacando esas esperanzas,  simplemente te dejas estar y hacer.

¿Crees que se empequeñece?

No, no lo creo. Simplemente no hay un abanico de posibilidades a las que pueda acceder. No se empequeñece porque tiene una seguridad en sí misma aplastante en muchos aspectos. Simplemente creo que no valora otras posibilidades porque no se las dan como opciones.

Al principio piensas que lo que vas a ver es una comedia y de repente te ves inmerso en un drama con una crítica social muy aplastante.

Creo que esa es una de las grandes cosas que se tienen que agradecer a Gary Olwen. Ha sido muy inteligente al crear esta historia porque si empezase directamente con la tragedia generaría un rechazo brutal en el espectador. En cambio, primero la establece desde la anécdota de me voy de fiesta y cojo un pedo. Ahí te vas relajando, pensando por dónde va a ir y cuando viene lo gordo ya eres parte del equipo de ella, te has hecho su amigo.

¿Se plantea el mismo problema en la obra original?

Sí, es una traducción literal. Lo adapto porque se habla de muchas referencias populares. Todo sucede en la ciudad de Cardiff (Gales)  y lo traigo a Madrid. Pero la historia y el conflicto es el mismo. El problema del que habla la obra afecta a casi todas las sociedades del mundo. Imagino que la humanidad o el humano no es la prioridad de una sociedad como esta, es lo que pueda hacer esa persona, lo que pueda producir.

Después de Ifi volverás a este mismo teatro con Jauría que son textos transcritos del juicio de La Manada. Me parece muy interesante pero a la vez es un riesgo tal y como están los ánimos con este tema.

Sin duda. Siempre me emociono con los textos nuevos a los que me voy a enfrentar. Intento ser muy justa, sobre todo porque tengo tendencia a acabar haciendo proyectos muy sociales. Siempre me genera mucho estrés y responsabilidad poder contar la historia con la mayor verdad y no juzgarla desde fuera. Jauría me asusta mucho, probablemente más que cualquier proyecto anterior. Es la primera vez que hago algo basado totalmente en una historia real, que no sea ficción, y además actual. Tengo un montón de preocupaciones pero sobre todo pienso en lo que sentirá esa chica cuando se entere de que se va a hacer una obra basada directamente en su tragedia personal. Por otro lado, me da tranquilidad y seguridad saber que se va a llevar a cabo en el mejor teatro que podría hacer esto que es el Kamikaze y que en la dirección está Miguel del Arco que tiene una gran sensibilidad, comprensión y rigor

En Jauría interpretarás a la víctima del caso. Es muy difícil pero a la vez piensas que al fin y al cabo todas las mujeres fuimos víctimas de esa sentencia.

Sin duda, pero yo creo que hay que abrir el rango cuando hablamos de este tema y decir que sí que las mujeres fuimos víctimas pero un montonazo de hombres también. Veo a mi padre que es el hombre que tengo más cerca y es totalmente feminista y  tampoco comulga con la decisión que se ha tomado. Es decir, es un agresión no solo a las mujeres sino a cualquier ser humano que tenga un sentido afinado de la justicia y la igualdad. No se relega a un conflicto de la mujer o de las mujeres sino a todas las personas que consideramos la libertad y la igualdad para todos.

Es verdad que cuando ocurren casos así no nos damos cuenta de cómo afectan también a los hombres.

Los hombres también son padres.  Hay muchos extraordinarios y que tratan a las mujeres bien. Parece que ahora están demonizados y es cierto que históricamente ha habido una desigualdad y un poder ejercido por el hombre sobre la mujer que también nos lleva a pensar y a poder decir que hay una dominación. Ha sido así durante muchos siglos. Pero no se nos debe olvidar que hay muchísimos hombres que se sienten tremendamente heridos en su sensibilidad por sentencias como la de La Manada. Tienen hijas. ¿Qué pasa con el padre de esa chica? No creo para nada que piense que esa sentencia es la correcta.

Lo bueno que tenéis al representar esta obra es que será en marzo y quizá esté más alejado que ahora.

No sé si estará más alejado porque la sentencia está recurrida. Ahora la llevan al Tribunal Supremo entonces es un caso que no está cerrado. Tanto Jordi Casanovas, que es el dramaturgo de la obra, como Miguel (director)  están totalmente dispuestos y creen que lo que hay  que hacer es actualizar el texto hasta que vayamos a representarlo. Cuando te metes en un tema que está de rabiosa actualidad no puedes quedarte atrás, tienes que ir reactualizando el texto.  Con lo cual, a ver qué pasa. A mí ya me han mandado el original al correo pero habrá que ver cuándo cambia hasta que se estrene.

Ahora mismo estás en pleno rodaje con la nueva serie de los hermanos Caballero, El pueblo. ¿Qué tal la experiencia?

Súper bien. No tiene nada que ver con esto. Es comedia pura y dura. La estamos grabando en un pueblo perdido de Soria. Es probable que por el tono de la serie nos recuerde a La que se avecina, aunque más en las tramas que en la forma, porque los paisajes exteriores y la naturaleza le dan otro rollo. Creo que es una serie que está muy bien escrita. Alberto y Laura  (Caballero) me parecen dos de las personas más talentosas de este país a la hora de hacer comedia. Estamos haciendo un proyecto que, por lo que llevamos grabado, va a quedar muy bien y a gustar mucho.

Además es una vuelta tuya a la comedia donde se te ha visto muy cómoda.

A mí me gusta tanto hacer drama como  comedia, la verdad es que no tengo una preferencia. Me saturo un poco cuando llevo un tiempo haciendo solo una de las cosas pero creo que es como en la vida, ¿no? Cuando estás todo el rato en la banalidad o en la risa, hay un momento donde hay un vacío en ti que necesita como otro calado, otra profundidad de pensamiento. En cambio, cuando estás demasiado profundo, hay veces que necesitas un poco de ligereza para equilibrar porque te puedes pasar de densidad. A mí me encanta, me siento muy afortunada de la carrera que estoy teniendo

Dicen que la comedia siempre es más difícil que el drama.

Depende. Por supuesto tú puedes tener más facilidad para una cosa u otra, o te puede gustar más. Pero si realmente pones el foco en entender lo que estás contando, debería ser igual de difícil o fácil ambas cosas.

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